Familiares y amigos: Lo que puedo decir

Muchas personas se sienten incómodas al hablar de la muerte de un hijo con los padres porque temen decir algo incorrecto, porque suponen que los padres no querrán hablar de ello o porque son reacios a “despertar” sentimientos dolorosos.

Los padres en duelo viven su dolor cada día. Si parece que evitan hablar de la muerte de su hijo, puede ser que estén intentando protegerle de la intensidad de sus sentimientos. En este caso, decir algo profundo para reconfortarlos puede ser menos importante que hacerles saber que usted aprecia su dolor y que está ahí para escuchar si quieren hablar. Las preguntas también pueden ser útiles. Pregúnteles cómo están. Pregunte cómo puede ser de ayuda

Estos son algunos ejemplos de cosas beneficiosas que puede decir:

  • “Estoy triste por ti”.
  • “Esto debe ser duro para ti”.
  • “Lo siento”.
  • “Estoy aquí y quiero escuchar”.
  • “Sé que es un mal momento para ti y quiero ayudar”.
  • “¿Cómo estás con todo esto?”
  • “¿Qué puedo hacer por ti?”
  • “¿Has decidido un servicio conmemorativo?”

No tema mencionar el nombre del bebé en la conversación. Sobre todo, permanezca en contacto. Si los padres rechazan inicialmente sus intentos, déles un poco de espacio y vuelva a intentarlo dentro de unas semanas o meses.

Familiares y amigos: Apoyo que puedo dar

Estudios psicológicos han demostrado que los consejos y las expresiones de tranquilidad son las expresiones más comunes de simpatía y, al mismo tiempo, son las que las personas en duelo consideran menos útiles. Estas declaraciones tienden a restar importancia la experiencia del doliente, a “quitarle su pena”. Además, acaban aumentando el aislamiento de los que han sufrido una pérdida, convenciéndoles de que la gente no entiende por lo que están pasando o haciéndoles sentir inseguridad sobre si es “normal” sentir lo que sienten.

Los siguientes son ejemplos del tipo de consejos de los que pueden prescindir los padres afligidos:

  • “Sé valiente. No llores”.
  • “Es hora de dejar esto atrás y seguir con tu vida”.
  • “No debes cuestionar la voluntad de Dios”.
  • “Deja de compadecerte de ti mismo”.
  • “Deberías salir más”.

También deben evitarse las expresiones tranquilizadoras poco útiles, como las siguientes, ya que tienden a racionalizar la tragedia para el “consolador” a expensas de los sentimientos válidos del “consolado”:

  • “La muerte nos llega a todos”.
  • “La muerte es parte de la vida”.
  • “Esto sucedió para bien”.
  • “Todo es parte del plan de Dios”.
  • “Agradece que tienes otro hijo”.
  • “Eres joven, tendrás otros hijos”.
  • “De todos modos, probablemente había algo malo con el bebé”.
  • “Era mejor que el bebé muriera antes de que lo conocieras”.
  • “No era realmente una persona todavía”.
  • “Ahora tienes un angelito en el cielo”.